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La revista on-line dE estudiantes, licenciados y profesores de la facultad de Filología Hispánica de Poznañ


 

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 Imagen Radial

 

 

3. La imagen

 

3.1. El espacio y el tiempo inmóviles

 

En Berceo se presentan dos tiempo, es igual a hablar del tiempo inscrito en el gran tiempo bajtiniano; existe pues el tiempo en el que se desarrollan las acciones de los personajes – en este caso la abadesa – o en el que se desarrolla sólo la acción –como es el caso de la imagen respetada-, por otro lado existe el tiempo que aquí he llamado inmóvil; este tiempo aparece justo en el momento de contemplación de la imagen de la virgen, pues el tiempo no sólo se rompe en el instante en el que la abadesa evoca a la virgen sino que se detiene en la imagen misma, es el momento en el que el autor aprovecha para dar a conocer las cualidades estéticas y morales de la virgen. Esta clase de tiempo Cesar González Ochoa lo define como: “…el aevum, una duración que existe antes del mundo, con el mundo y después del mundo; es una duración que pertenece sólo a Dios, quien no ha sido ni será sino que es siempre…” y por atraparte Gerard Genette lo llama simplemente “pausa”. Cabe mencionar, como lo dije ya anteriormente, que la imagen de Dios sólo es una forma de representarlo, pues para el hombre medieval Dios no existe sino que sólo es “ser”; por lo tanto todo lo que tiene que ver con el macrocosmos en la tierra es sólo un símbolo creado para su representación.

 

                            Tenié rica corona como rica reína,

                            de suso rica impla en logar de cortina,

                            era bien entallada e de valor miy fina,

                             valié más essi pueblo que la avié vezina. [NC 320]

 

De la misma manera en que se detiene el tiempo se fija el espacio. En la obra de Berceo las pequeñas historias se llevan a cabo en lugares cerrados, en los conventos, iglesias o monasterios; sin embargo posee elementos que remiten a la naturaleza que era el espacio más importante donde se desarrollaba la viva del hombre medieval y donde se desenvolvía su sociedad agraria. El contacto con la tierra y el mar le era necesario, incuso existen entre los milagros algunas alusiones a las estrellas que se posan sobre las aguas:

 

                            <<¡Valme –disso- Gloriosa, estrella de la mar…[NC 518]

 

Existen pues ciertos elementos que en los milagros son analogías de la virgen, siendo el cielo estrellado el más utilizado, lo cual puede remitir a un manto u otro accesorio adornado con estrellas, o simplemente al manto que llevan los santos que generalmente son azules, acentuando su carácter celestial, o amarillos por su familiaridad con el sol y la iluminación:

 

                            Colgava delant ella un buen aventadero,

                            en el seglar lenguaje dízenli moscadero;

                            de alas de pavones lo fizo el obrero,

                            luzié como estrellas, semejant de luzero. [NC 321]

 

3.2. Composición  radial  e imagen

 

En las artes plásticas existen dos tipos de simetría: simetría axial y simetría radial. La primera se presenta cuando los elementos en la obra de arte están colocados de forma lineal, paralelos o perpendiculares, pero siempre en línea recta; en cambio cuando los componentes de la obra están en posición circular y casi siempre poseen un elemento que es el más importante ya sea por color, tamaño, o importancia -reconocida por un grupo de individuos que comparten cierto fragmento histórico cultural- que se presentan el centro del círculo, o del semicírculo en su defecto. En Los milagros de Nuestra Señora, la imagen de la virgen suele aparecer rodeada de elementos humanos o luminosos:

 

                            Estava la imagen en su trono posada,

                            so Fijo en sus brazos, cosa es costumnada,

                            los reis redor ella, sedié bien compañada,

                            como rica reína de Dios santificada. [NC 319]

 

La imagen en los personajes de Berceo se forma  a partir de sus acciones, mientras que la imagen de la virgen se forma  a partir de la perspectiva de estos. El autor utiliza para la configuración de la imagen de la virgen recursos como metáforas, alegorías, comparaciones o símiles, analogías hasta proyecciones animistas. La mayoría de las imágenes que aparecen en Berceo presentan un estilo que bien puede pertenecer a la escultura o la pintura, pues se destacan elementos colorísticos, de relieve o con volumen, valores propios del arte figurativo.

                            Teniéla afeitcolorada) cortina… [NC 515]

 

3.3. Luz,  color y estilo

 

Por la forma en que se presentan las imágenes descritas por Berceo, se les puede adjudicar un estilo impresionista. San Agustín atribuyó un valor estético sólo a las sensaciones visuales y a los valores morales, si se conjunta ambos valores se tiene que: en la obra de Berceo el movimiento propio de la pincelada impresionista se revela en las acciones, los verbos, cuando los personajes están en mayor movimiento emocional. Cabe pues destacar de entre estos momentos el instante justo cuando existe una evocación a la virgen, pues es aquí cuando Aparece una especie de iluminación que da el efecto de alto contraste entre la luz descrita en la imagen y la oscuridad emocional del personaje:

 

                            Ovo pavor la dueña e fo mal espantada,

                            ca de tal visión nunqua era usada,

                            de la grant claridad fo mucho embargada,

                            pero de la su cuita fo mucho alleviada. [NC 530]

 

No está de más decir que la principal característica del arte impresionista aparte del uso de los colores puros primarios, está el estudio de la luz y sus efectos; dos elementos muy explotados en el arte medieval, sobre todo cuando las piezas eran estofadas (recubiertas de láminas de oro), sobre todo en el medieval gótico, donde el juego con la luz no sólo puede apreciarse en las pinturas o en las esculturas con prominencia de relieves, sino también en sus vitrales.

 

4. Lo terrenal

 

4.1. El canon de la belleza

 

El descenso del cielo a la tierra se presenta a finales del siglo XIII, las esculturas de la virgen y el niño cada vez son más realistas, pues en sus rostros  así como en la pose se puede observar formas expresivas propias del ser humano como el amor y la ternura. Se humaniza lo divino y se establece un canon de belleza que se basa en la proporción.

 

En este siglo nace la teoría vitruviana de las proporciones humanas, este es un canon de la concepción proporcional griega donde: toda dimensión del objeto bello se determina en relación con las otras partes. A través de este canon se sigue buscando la armonía entre el macrocosmos y el microcosmos. El alma, el cuerpo del hombre, y la música se encuentran en armonía, y se vinculan a partir de las matemáticas y la estética.

 

4.2. El amor a primera vista

 

La cualidad objetiva de lo bello es hallada por la vista a través de la captación de la luz y el color, y de la percepción de las realidades estéticas: El sentido de la vista permite la comunión con lo divino, que envuelve al hombre y le permite alimentar su gracia interior. Lo bueno y bello significa lo mismo para el hombre medieval, y en esta comunicación con lo divino ocurre un transición del goce poético al goce místico; la degustación estética consiste en captar las relaciones naturales existentes entre la cosa bella y el cosmos, la armonía en Dios. Lo armónico en el hombre es pues, la conjunción de a belleza física y sus virtudes.

 

5. Conclusión

 

No se puede negar el hecho de que Berceo conocía las artes plásticas de su tiempo; no sólo por la aparición de imágenes plásticas en su texto, ni por la rica descripción de éstas, sino porque el juego de color, contraste y composición se revela ante los ojos del lector a partir de la estructura misma de la obra, pues además de los puntos de tensión que pueden encontrarse en ella –que la hacen muy rica en contraste-, también existe un juego de contraste y de luces  entre la imagen visual y la palabra.

 

6. Bibliografía

 

    Berceo, Gonzalo. Los milagros de nuestra señora. Ed. de Maria Teresa Barbadillo de la Fuente. Castalia(colección didáctica) Núm.39. Madrid. 1996.

     Deyermond, Alan. Historia y crítica de la literatura española: Edad Media. Crítica. Barcelona. 1980.

     Gariano, Carmelo. Análisis estilístico de los milagros de nuestra señora de Berceo. Gredos 2ª ed. Madrid. 1971. 235pp.

     Artiles, Joaquín. Los recursos literarios de Berceo. Gredos. Madrid. 1964. 269pp.

     Male, Émile. El arte religioso del siglo XII al siglo VIII. F.C.E.2ª ed.México. 1966. 231pp.

     Eco, Humberto. Arte y belleza en la Edad Media. Trad. Helena Lozano Miralles.Lumen 2ª ed. 1999. 214pp.

Genette Gerard. Figuras III. Barcelona. Lumen. 1989.

 

 Elva Eloísa Bermúdez Olivera©2007

 

 

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