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Internet Espejismo

Imagen de los argentinos y del polaco en Argentina según Gombrowicz

 

Maja Koszarska

Universidad Adam Mickiewicz de Poznañ

©2006

 

Seguramente, la mayoría de la sociedad, creando su imagen de alguna nación se sirve de los estereotipos. Sin embargo, los polacos conservan muchos sentimientos positivos hacia Argentina y su nación. Witold Gombrowicz, un escritor polaco que pasó varios años en el exilio en Argentina caracteriza así la argentinidad:

 

Argentina está llena de maravillas y encanto, pero el encanto es discreto, arropado en una sonrisa que no quiere expresar demasiado. Hay aquí una buena "materia prima" aunque todavía no sea posible fabricar productos. No hay una catedral de Notre Dame ni un Louvre, en cambio a menudo se ven por la calle dentaduras deslumbrantes, magníficos ojos, cuerpos armoniosos y ágiles (...)El aroma de París de las actrices francesas embriaga naturalmente a los argentinos pero comentan: "No hay una sola que tenga todo en orden". Este país, saturado de juventud, tiene una especie de perennidad aristocrática propia de los seres que no necesitan avergonzarse y pueden moverse con facilidad. (...)Argentina, junto con toda América, es joven porque muere joven. Pero su juventud es también, a pesar de todo, inefectiva. En las fiestas de aquí es posible ver cómo al sonido de la música mecánica un obrero de veinte años, que es en sí una melodía de Mozart, se aproxima a una muchacha que es un vaso de Benvenuto Cellini, pero de esta aproximación de dos obras maestras no resulta nada... Es un país, pues, donde no se realiza la poesía, pero donde con fuerza inmensa se siente su presencia detrás del telón, terriblemente silenciosa (Gombrowicz, 1967).

 

En esta descripción poética, Argentina aparece como una mezcla de influencias europeas con el alma propia. Gombrowicz demuestra que, a pesar de la existencia de varias corrientes europeas, a pesar del deseo de imitar otras convenciones, el ser argentino es algo poético, algo nuevo, aunque “muera joven”. No obstante, el ser argentino no es estable y tampoco ha madurado, es como “una masa que no llega todavía de ser pastel”(Gombrowicz, 1967), es algo que se está formando, algo todavía indefinido, pero:

 

En este clima, en esta constelación podría surgir una protesta verdadera y creadora contra Europa... si la blandura encontrase algún camino para convertirse en dureza... si la indefinición pudiera convertirse en programa, es decir en definición (Gombrowicz,1967).

 

Así, en unas frases, se presenta la imagen de Argentina propuesta por Gombrowicz, una imagen que impregnó la percepción polaca. No obstante, este punto de vista no es idealizado. Para Gombrowicz, Argentina es un país joven, con potencial, pero no sin vicios. La única dificultad que queda se basa en querer superar la debilidad y la dicotomía entre lo latinoamericano y lo europeo para crear lo argentino es decir una identidad propia. Infelizmente, aunque Argentina es un país de cruce de culturas, el pueblo argentino tiene una tendencia peligrosa de optar por una u otra de las opciones mencionadas en vez de disfrutar del aporte europeo y de las raíces latinoamericanas para formar una nueva cualidad sociocultural.

 

A este punto de vista tan profundo y poético se opone, de cierto modo, la descripción más pragmática construida en Polonia en los años ochenta cuando se describía a los argentinos como una nación difícil y misteriosa que encierra en sí contradicciones. Así, los argentinos eran percibidos como llenos de contradicciones internas en el modo de hablar y de comportarse. Según esta imagen, conservaban una simpatía profunda hacia Europa y los europeos, pero al mismo tiempo era una nación atada a su patria y a su selección nacional de fútbol. Hasta hoy en día, los argentinos siguen siendo una nación de un lado muy bien definida, de otro, llena de paradojas, como lo resumía Octavio Paz: “los argentinos son italianos que hablan español y se creen franceses”.

 

Todos estos contrastes interiores del argentino medio confirman la tesis que la nación argentina tiene varias raíces, recibió varias influencias siendo, de cierto modo, un producto del mestizaje cultural, pero un producto inacabado, un producto que tiene que madurar. En consecuencia, este famoso mestizaje cultural, aunque se produjo, no logró penetrar completamente el ser argentino para desencadenar una reacción de oposición y la voluntad de crear una nueva cualidad:

 

Si un inglés o un francés dicen "nosotros", bueno, a veces eso puede significar algo, porque allá desde hace siglos se sabe más o menos qué es Francia o Inglaterra. ¿Pero en la Argentina? Mezcla de razas y herencias, de breve historia, de carácter no formado, de instituciones, ideales, principios, reacciones no determinadas, maravilloso país, es verdad, rico en porvenir, pero todavía no hecho. ¿Es ante todo Argentina lo autóctono, quienes se asentaron allí hace tiempo? (...)¿O quizás Argentina es precisamente una combinación, un cocktail, una mezcla y una fermentación? (Gombrowicz, 1967)

 

No obstante, la cuestión más interesante para el lector polaco es, sin duda alguna, la imagen del polaco en el mestizado mundo argentino. Empezando por el hecho que existe en Argentina una comunidad polaca bastante numerosa, el concepto mismo del polaco no parece tan exótico, pero tampoco es definido. En lo que atañe al aspecto físico, popularmente se suele atribuir las raíces polacas a la gente rubia o pelirroja, pero el polaco estándar no existe, por lo menos físicamente:

 

En Argentina, llena de extranjeros, resulta que físicamente un polaco es aún menos definido no solamente de los escandinavos o ingleses, sino también de los alemanes, italianos, españoles, rusos y franceses. Los polacos es una riqueza de las soluciones físicas, diversidad de tipos, abundancia de caras, pero a menudo el polaco mismo parece como si tuviera nariz de una fuente, orejas de otra, trasero que no conviene con el resto, todo acompañado de una cara que no se puede prever y que se mueve en una dirección también imprevisible o incluso en varias direcciones a la vez (...) El argentino, naturalmente, no es capaz de concebir todo esto, él solamente se da cuenta que es difícil de identificar al polaco por su exterior[1] (Gombrowicz, 1999: 192).

 

Pero los polacos tienen no solamente el exterior indefinido del punto de vista argentino, sino también su interior esconde varios secretos. Los polacos parecen cerrados y un poco artificiales, es decir son tan indefinidos por dentro como en el caso de su aspecto físico. En consecuencia, si en el contexto argentino es tan difícil describir al polaco medio, el intento de describir la realidad argentina parece aún más difícil teniendo en cuenta todas las vueltas de la vida de la joven República Argentina.

 

El país llamado Argentina es un ser sociocultural lleno de contrastes. Primeramente, son contrastes raciales entre los indígenas y las masas europeas que decidieron poblar el vasto territorio argentino. En segundo lugar, hay que citar los conflictos perceptivos entre la concepción de Argentina como un país fuerte, cosmopolita y un típico país latinoamericano en vías de desarrollo: el mito de grandeza cultural contra el mito de pobreza económica. Finalmente, el argentino mismo parece ser lleno de contradicciones interiores. Y todas estas dicotomías se formaron teniendo como fondo el mestizaje cultural que es un proceso de cierto modo autónomo, propio a las interacciones entre las diferentes culturas.

 

La cultura en general es una red de interacciones dinámicas entre varios sistemas culturales que aparecen en el terreno dado y que se están influenciando recíprocamente. En consecuencia, en un territorio tan heterogéneo culturalmente como Argentina, tenemos que ver con un proceso casi automático de mestizaje de diferentes culturas, el proceso que se desarrolla junto con el paso de tiempo. En Argentina, este intercambio recíproco se produjo, y sigue produciéndose, constituyendo el fondo para otra transformación: la consolidación del ser argentino. Sin embargo, siguiendo el pensamiento de Gombrowicz, la nación argentina todavía prefiere optar por una de las posibilidades conocidas, es decir: el cosmopolitismo o el latinoamericanismo, en vez de intentar crear socialmente una nueva cualidad a partir de estas dos concepciones antitéticas. No obstante, lo que es posible y casi automático en el campo de cultura,  requiere más tiempo en el ámbito político y social o está limitado por la impotencia económica, en el caso de Argentina son ambos factores que lo determinan.

 

 

Bibliografía:

 

Gombrowicz, Witold (1999). Wspomnienia polskie. Wêdrówki po Argentynie. Cracovia: Wydawnictwo Literackie

Gombrowicz, Witold (1967). Diario argentino. [en línea] URL <http://www.literatura.org/wg/wgbare2.htm > [fecha de consulta: 22 de enero de 2006]



[1]W Argentynie roj±cej siê od cudzoziemców, ujawnia siê, ¿e Polak jest ciele¶nie kim¶ o wiele mniej ustalonym nie tylko od standardowych Skandynawów, czy Anglików, ale tak¿e od Niemców, W³ochów, Hiszpanów, Rosjan i Francuzów. Polacy to bogactwo rozwi±zañ fizycznych, wielo¶æ typów, obfito¶æ oblicz, ale czêsto jeden Polak wygl±da jakby mia³ sk±din±d nos, sk±din±d uczy, sk±din±d siedzenie, wszystko to opatrzone min± nie daj±c± siê przewidzieæ i ruszaj±ce siê w kierunku równie nieprzewidzianym, albo nawet w kilku naraz. (...) Argentyñczyk naturalnie tego wszystkiego nie chwyta, on wie tylko, ¿e Polaka trudno odgadn±æ z wygl±du.”